lunes, 26 de diciembre de 2011

Del huitlacoche o quien come eso


El Ustilago myadis o conocido en México como huitlacoche o cuitlacoche, es un especie de hongo comestible parásito del maíz. Creo que hasta aquí no hay problema alguno. Para muchos hoy en día, y gracias a la gran evolución que ha tenido la cocina a nivel mundial, este hongo es considerado como la trufa mexicana o caviar azteca; no manches que es eso de “caviar azteca”, no que hace la gente por vender.

De aspecto no agradable y sabor fácil identificable, eso quiere decir que sabe a lo que sabe y no es como muchas comidas que cuando no sabes describir su sabor terminamos diciendo “sabe como a pollo”, siempre me nos han vendido la idea que era un manjar de nobles prehispánico, y que su degustación estaba reservada a unos pocos. Ahora no entiendo el porqué. Cualquiera que tuviera una milpa o plantío de maíz tenía acceso al hongo tan preciado.

En toda esta historia tan romántica de los que comían los emperadores aztecas hay algo que no encaja, vamos partes: el nombre del huitlacoche proviene del náhuatl que significa excremento o suciedad del cuervo; aquí nos topamos con el primer problema, ¿Cómo un gran tlatoani o emperador o el gran sabedor y guía de las vidas de todo un pueblo iba a comer algo que lo consideraban como un excremento y de un pájaro, que no el más bonito que hay?

El huitlacoche no es un alimento milenario mesoamericano como nos han hecho creer, es como un falso patriotismo. Según los estudios realizados por Raúl Valdez Azua, del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, el consumo de este supuesto manjar de reyes se popularizo en el siglo XX, ya cuando en México los únicos emperadores portaban bandas presidenciales y eran cambiados por decreto cada seis años. Al parecer no existe ninguna referencia como alimento especial de reyes prehispánicos.

Es un invento mexicano reciente que no tiene más de cien años.

Para hacer esto peor, en tiempos de la Colonia, hasta el siglo XIX, fue un alimento de subsistencia para los indígenas y campesinos, era un alimento para gente que no tenía posibilidades económicas, ni poder adquisitivos, no eran reyes, ni semi-dioses, eran para gente trabajadora del campo rural que trabajaban sus tierras.

Así es la vida, el huitlacoche pasó de ser un parasito del maíz con apariencia de excremento de pájaro, a alimento de las clases humildes que lo comían por necesidad de llevarse algo al estomago, a convertirse en alimento de la elite mexicana. Ni modo, así es de irónica la vida. Yo no la inventé, así estaba cuando yo llegué.

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