domingo, 22 de abril de 2012

Del purgatorio o de la burocracia


Todos en algún momento de nuestras vidas hemos sido o vamos a ser presa de la burocracia. No hay forma en este mundo que, ya sea directa o indirectamente, podamos esquivar los trámites que son impuestos por el Estado. Aunque mucho de esta tramitología es incomprensible para el ciudadano común, forma parte de la esencia misma de todo tipo de Gobierno.
Una ventanilla, un papel, un sello, no importa que sea, siempre nos va a faltar, y no hay forma de brincar estas diligencias, y uno siente por momentos que pierde su voluntad y almas se le sale del cuerpo. El término viene del francés "bureaucratie", y este de bureau, oficina, escritorio, y -cratie, -cracia: gobierno. Como quien dice gobierno de escritorio, y eso explica porque la mayoría de los dependientes gubernamentales hacen todo en se área de trabajo, ahí comen, ahí fuman, platican, chatean, hacen compras, etc.
En un sentido original, que se traslada al uso común, burocracia se asocia a ineficiencia, pereza y derroche de medios. Generalmente se percibe, en la imaginación popular, como un ente que existe únicamente para sí mismo y que sólo logra resultados que acaban ampliando las dimensiones de la burocracia. Así, comúnmente se usa de manera peyorativa (nota: no encontré otra palabra, pero pensé en muchas).
Pasar por las manos de la burocracia es como haber muerto y estar en el purgatorio. El Purgatorio, en la teología católica y la copta , es un estado transitorio de purificación y expiación donde, después de la muerte, las personas que han muerto sin pecado mortal pero que han cometido pecados leves no perdonados o graves ya perdonados en vida pero sin satisfacción penitencial de parte del creyente, tienen que purificarse de esas manchas a causa de la pena temporal contraída para poder acceder a la visión beatifica  de Dios.
Debido a que todo aquel que entra en el Purgatorio terminará entrando al Cielo tarde o temprano (esta última frase no sé si aplique muy bien pero por lo menos es lo que se espera), el purgatorio no es una forma de infierno. Las plegarias a Dios por los muertos vivientes que penan y vagan por las oficinas grises y sucias, la celebración de eucaristías y las indulgencias pueden acortar la estadía de una o varias almas que estén en dicho estado. Otra forma de acortar podrían ser los bien conocidos cohechos o “mordidas” o “incentivos”.
El tipo de penas que se padecen son equivalentes a las del infierno, en el sentido que se siente la lejanía de Dios, pero no son eternas y purifican porque la persona no está empedernida en una opción por el mal. Por eso el Purgatorio es la purificación final de los elegidos, la última etapa de la santificación.
Así que después de haber pasado por todas las penas de la burocracia, no estén tan contestos, tarde que temprano vamos a necesitar algún sello, algún premiso, algún estúpido papel que no nos dice realmente nada ni nos significa nada, pero lo necesitamos por algún motivo administrativo.  Solo la muerte no puede liberar completamente, por no lo menos al muerto, los vivos van a tener que hacer todos las trámites funerarios todavía. 

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