domingo, 9 de septiembre de 2012

De la plaga urbana o ya no los aguanto


Como soy de carrera Ingeniero, me da por empezar por definir conceptos y el primer concepto es “Plaga”: es un animal o planta cuyas actividades interfieren con la salud humana o su bienestar o que afecta sus ingresos económicos.  Aquí hay que dejar muy claro que es cualquier animal o planta; por ejemplo si tengo un rosal precioso en medio de un maizal, las rosas son una plaga o maleza, aquí no se trata si es bonito o no, es útil o no.

Una criatura que reduce la disponibilidad, calidad o valor de un recurso importante para la humanidad, podría ser. O un animal o planta cuya densidad de población excede un nivel arbitrario no aceptable para la humanidad, el cual resulta en un daño económico.  Aunque el concepto de plaga está ligado al número elevado de individuos o a la abundancia de ellos, esta más bien atado al concepto del efecto nocivo que ciertos organismos pueden ocasionar problemas sanitarios, molestias, perjuicios, o pérdidas económicas al ser humano.

La OMS en 1988 define el concepto de “Plaga Urbana” como aquellas especies implicadas en la transferencia de enfermedades para el hombre y en el daño o deterioro del hábitat y del bienestar urbano, cuando su existencia es continúa en el tiempo y está por encima de los niveles considerados de normalidad. Ojo no se trata de aniquilar a todo ser vivo nada más porque no caes mal o es una molestia, se trata de convivir.

En nuestro entorno crecen y se desarrollan una serie de animales plagas como cucarachas, ratas, ratones, avispas, abejas, ácaros, moscas, mosquitos, hormigas, garrapatas, pulgas, termitas, arañas, etc. Un sinfín de vida que convive con nuestra vida que tiene el potencial de propagar enfermedades, picaduras, dermatitis, alergias, daños económicos por consumo de mercancías, inclusive dañar los techos, suelos, instalación eléctrica y contaminar nuestros alimentos.

Pero existe una plaga es mucho peor que todas las demás y que no es tan fácil de exterminar y pase lo que pase siempre vuelve. Causa una de las mayores molestias y ni con el plaguicida más efectivo tiene. Es de orden nocturno y tiende a estar en enjambre. Muy letal para la salud y puede inclusive ser motivo de mudarse de la casa si el problema no se resuelve.

De la plaga urbana de que les hablo es el “Vecino”. Si son los vecinos inconscientes que creen que los fines de semana, y a veces entresemana, se puede andar de borracho y gritar y poner la música a todo volumen. Sin conciencia alguna de que el resto del mundo  tenemos nuestras actividades cotidianas y la noche es el único momento que nos queda para descansar.

Esta plaga de vecinos no se muere con nada, le pueden aplicar insecticida, agua con jabón, humo, no importa que se les aplique no dejan de invadir el espacio personal. Y ni razonando con ellos se puede, y los encargados de mantener esta plaga a niveles bajos, pues tampoco hacen nada.

Si los vecinos parranderos son peores que cualquier rata para la salud. 

sábado, 8 de septiembre de 2012

De los sabores o no comprendo


Cuando yo estudiaba, ya hace varios años de eso, en la escuela primaria y lo repesamos en la escuela secundaria, solamente existían cuatro sabores que la lengua podía detectar. Y creo que son los únicos que conozco: ácido, dulce, amargo y saldado. Recuerdo que para explicarnos los sabores, que fue una de mis clases preferidas, la maestra nos llevo comida, para poder entender la diferencia entre los distintos sabores.

También tengo muy presente que nos enseñaban un dibujo de una lengua enorme donde se veía claramente las regiones donde las papilas gustativas detectaban eso sabores.

Pero con los años de la nada y no tengo idea que fue lo que paso, se describió un nuevo sabor, el sabor “Umami”. La palabra umami proviene del idioma japonés (うま味) y significa "sabor agradable, gustoso". Muchos de los alimentos que consumimos son ricos en umami. El glutamato presente de manera natural en carnes y verduras, mientras que el inosinato proviene de carnes y el guanilato de las verduras. No tengo ni la mas mínima idea a que sabe el umami, no lo dudo ni tantito que más de una vez lo haya comido y degustado, pero al día de hoy no sabría decir que a qué diantres sabe el umami, si ni siquiera.

Entiendo que este sabor es parte de las proteínas que viene en la salsa de soya que es extremadamente común en la comida china o japonesa, a lo que nosotros entendemos como comida oriental.  Trato de hacer memoria y no recuerdo al umami en mi boca; si la traducción es “sabor agradable”, desde ahí ya tenemos problemas, porque lo que a mí me agrada no necesariamente le debe de agradar a los demás.

Entonces ya tenemos 5 sabores, pues no ahora salen con que existe un sexto sabor y es la grasa. La grasa podría convertirse en un nuevo sabor. Se dice que en la Universidad de Deakin en Australia, para que vean que no solamente los norteamericanos les gusta investigar cosas raras, en un estudio realizado a 50 sujetos con el fin de determinar su capacidad de detectar los contenidos de grasa en distintos alimentos.

Los sujetos más sensibles a la grasa, consumían menos alimentos grasosos y por lo tanto eran más delgados que los sujetos que tenían dificultad para detectar la grasa. Y esto le añade una razón más o por lo menos otra excusa del porque de la obesidad, la culpa la tiene la lengua que nos es capaz de detectar alimentos con grasa y por lo tanto no los terminamos comiendo.

Todavía falta para que la grasa sea considerada un sabor, faltan más pruebas, pero no me imagino pidiendo un helado sabor grasa. 

viernes, 7 de septiembre de 2012

De algo tonto o impuesto a la obesidad


Hoy es viernes y como todos los viernes, es fin de semana, que para varios el fin de semana empezó ayer y para otros tantos  empezó desde el fin de semana pasado. Y como ya es hora de descansar, pues hoy toca un tema bastante insulso y realmente poco educativo.

Vamos a ver que hacen en otros países, que no tardara en llegar a México. Alguna vez, creo que lo he manifestado en público mi de acuerdo con los legisladores de este país, y muchos nos quejamos y mas de los impuestos, pues en el 2011 Dinamarca fue el primer país en aplicar un impuesto sobre las grasas, digámosle un impuesto especial a la obesidad.

Francia ya anuncio que a partir del 1 de enero del próximo año, si los mayas lo permiten, aplicara un impuesto sobre los refrescos azucarados y edulcorados. La tasa gravara con 7.16 euros cada 100 litros de refresco, lo que le representa al consumidor final, un promedio de unos dos céntimos adicionales por cada lata de refresco con azúcar o con edulcorante. Puede que no suene a mucho, pero en un consumo de un país, y si fuera México, representa muchos millones.

Se supone que el objetivo es combatir la obesidad, según el gobierno francés se recaudara unos 120 millones de euros anuales. Ahora esto es realmente para mí una patraña, aumentando impuestos realmente no se disminuye el consumo de nada, el que quiere tomar, fumar o beber, la va a hacer cueste lo que cueste. Los impuestos son recaudatorios, no educadores.

Hay otros ejemplos como el “impuesto sobre las hamburguesas” en Hungría; en España y Gran Bretaña ya se piensa en la posibilidad de gravar las comidas con alto contenido de grasas. El problema es que basta para que un gobierno lo hago, para que el resto se les ocurra imitarlos.

Gravar los alimentos grasosos o los productos que pueden ser causales de obesidad, es una completa tontería. Abría que recordar que ningún alimento en si engorda, puede que engorde la persona por malos hábitos alimenticios, pero no se vale satanizar los alimentos. Y lo único que va a venir provocando es la creación de un mercado negro o informal.

Si cualquier gobierno quiere recaudar mas impuestos, pues que lo diga y ya y no ponga malas y muy pobres excusas.  Si realmente están preocupados por la salud, y vaya que la obesidad es un serio problema, hay mejores estrategias que simplemente cobrar más dinero. Y luego se andan cuestionando los políticos él porque la gente no los quiere. 

jueves, 6 de septiembre de 2012

Del vagabundo o sin agenda


Cada vez que voy al hospital para mi revisión mensual, afuera del inmueble siempre hay un vagabundo afuera. La gente que lo conoce y conocerlo es un decir, lo llaman “José”, nombre apropiado para cualquiera que viva en un país donde la mitad de la población se llama “José” y la otra mitad de seguro se llama “María”.

No tiene hogar, no creo que lo tenga, tal vez en algún tiempo tuvo una casa, un familia, hijos, hermanos, padres, hoy no tiene nada. Alguna vez pregunte a los encargados de la seguridad del hospital por “José”, nadie sabe nada de él, solamente que un buen día llego con sus harapos, sus cajas de cartón ya muy desgastadas por el uso y solía tener un perro de compañía; ya no lo tiene más, se lo llevaron los de control canina.

Verán José no tiene identidad, no tiene una credencial de elector, no tiene un número de seguro social, no tiene pasaporte, ni licencia de conducir, no tiene a ningún lado donde ir. Duerme en un rincón por el lado de la calle norte del edificio, iluminado por una farola que no siempre está encendida, a veces con algo de luz pero muchas en la más negra oscuridad. No hace más nada más que extender su mano sucia en busca de unas monedas o un trozo o desperdicio de alimento. No tiene dueño y nadie es su dueño.

Es un vagabundo de 24 horas, 365 días al año; pero no creo que haya sido así  todo el tiempo. José no tiene propiedades, no tiene dinero, ni nadie quien vea por él. No es poseedor de nada, más que lo que trae puesto y su carcasa que le puede llamar cuerpo. No tiene futuro y no recuerda su pasado, solo tiene un presente que no dura más que lo que junta el suficiente dinero para comprar, me gustaría decir que comida, pero el otro día vi que se acerco a la máquina expendedora de refrescos.

No es difícil darse cuenta que se ahí, no hay que verlo para saber que está cerca. Su cuerpo lleno de tierra, de orines, excremento, sangre, emite un olor que es imposible de no percatarse que se encuentra postrado en la banqueta con su mano negra extendida al aire.

No tiene derechos políticos, ni derechos humanos, ni nada que lo proteja. Se rige bajo la estricta “ley de la calle” donde la supervivencia es lo único que importa, donde el más fuerte usualmente sobrevive, donde mimetizarse con el asfalto es un estrategia que por lo menos a José le ha funcionado. No paga derecho del piso al ayuntamiento, no tiene que pagar ni luz, ni agua, no existen las colegiaturas, ni conoce los supermercados. Que le puede importar el precio de la gasolina o si subió el huevo. No hay itinerario, ni agenda de citas, ni hora que seguir.

José forma parte de la decoración cotidiana, y como todo lo cotidiano se vuelve parte del entorno. Siempre estará expuesto a los peligros de la calle, a las humillaciones por parte de la gente y de los abusos por parte de la autoridad. 

Morirá tal vez de hambre, tal vez no aguante el próximo invierno y muera de frio, de tuberculosis o de una golpiza propinada por otros vagos. A nadie le importa. 

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Del sana sana o de la colita de rana


Hoy tenemos remedios para todo, y todo tiene una medicina que nos podemos tomar, aplicar, beber o untar. No importa que dolencia o que padecimiento tengamos, siempre hay un  remedio que lo acompaña.

¿Qué te duele algo? La respuesta de muchos y de por varias ya generaciones es “tomate una pastillita”; bien podría se ácido acetil salicílico, naproxeno sódico, paracetamol, ibuprofeno, acetaminofén, diclofenaco, ketaprofeno, y todas ellas acompañadas de diferentes dosis y nombres comerciales. Ahora que si no te gusta eso de las pastillas, pues te puedes tomar un “tesito” o comer frutas rojas, dicen que son buenas para eso de los dolores. O animas, ponte la pomada.

Todo mundo tiene algo que decir acerca de tomar algo para cuando a uno le “duele”. Pero a la fecha una de las mejores medicinas es aquella sentencia que muchas madres y abuelas nos decían cuando nos pegábamos y decía algo así:

“Sana, sana colita de rana”

Esas palabras eran mágicas, esas palabras eran capaces de quitar el dolor del golpe más fuerte y la única forma en que no dan resultado es porque no se dicen apropiadamente y con ganas.

“Sana, sana colita de rana”
“sino sana hoy, sanará mañana.”

No solamente es una sentencia o un decreto de curación, sino que todavía hay un consuelo porque si no es el efecto no es tan inmediato, puede que en ese momento no se cure, pero “sanará mañana”.

Y todavía para mejorar el asunto, toda madre sabe y está preparada para dar una pequeña caricia que acompaña a estas palabras. No tengo idea de cómo lo hacen, pero toda madre nace con esta característica especial. Y aparte de todo esto, que ya es casi un milagro, muchas mamas acompañan el pequeño masaje con algo de su saliva para limpiar y curar la herida infringida por un accidente de juego. Y muy importante siempre acompañada de una sonrisa que siempre significaba lo mismo: “no pasa nada.” Y si las palabras, el mensaje, la saliva y la sonrisa no funcionan, al final siempre acompañaban todo esto con un beso, para que no quede dudas.

Nunca hay mejor medicina. En este punto es donde siempre se me ocurre dar una explicación científica donde voy a decir algo como que el mero hecho de frotar un golpe produce algo en las terminales nerviosas y produce una sensación de placer y bla, bla, bla, tonterías de esas. Pero hoy me quedo con el sentimiento y el recuerdo de una “Sana, sana colita de rana”, que no solamente me alivio mi dolor, sino que también alegro mi corazón. 

martes, 4 de septiembre de 2012

De la siesta o de la cosa bonita


La siesta es esa bonita costumbre que tenemos muchos, y consiste en descansar algunos minuto después de la hora de comida. Y eso de descansar es un decir, más bien es dormir. Lo hacemos en México, en España, Latinoamérica, dicen que en China, Taiwán, Filipinas, India, Grecia, Francia, Oriente Medio y hasta en el norte de África ya les da por descansar un buen rato después de ingerir alimentos.

La palabra siesta viene de la expresión latina “hora sexta” que designaba al lapso del día comprendido entre las 12 y las 15 horas, momento en el cual se hacia una pausa de las labores cotidianas para descansar y reponer fuerzas.  

La siesta  es una acción reconfortante y para muchos de nosotros es una obligación para poder seguir con todas las actividades que se pretenden realizar a lo largo de la jornada. Y los beneficios que acarrea el descansar un rato y hacer pausa a las diligencias diarias, conlleva sus beneficios.

Según el último número de la revista International Journal of Behaivoral Medicine, la vida cotidiana esta afectando la calidad del sueño; las jornadas laborales largas, el trabajo por turnos, le televisión e internet, son factores que han contribuido a que el hombre duerma en promedio una hora o hasta dos horas menos que hace medio siglo. Afectando la salud a largo plazo con un mayor riesgo de hipertensión y problemas cardiovasculares.

La siesta para muchos representa un medicamento o un alivio a mitad del día, es el momento en que ese puede reponer fuerzas y recargar baterías para el resto del día.

Fuera del la discusión si es beneficioso o no dormir siesta, que para muchos no hay discusión; la pregunta que surge es ¿Cuánto es el tiempo ideal para dormir siesta? Hay quienes dicen que debería ser de entre 20 a 30 minutos, que siendo muy sinceros, para el ritmo de vida actual, para muchos es un lujo. Pero no 30 minutos no es el tiempo idóneo; aquí es donde la ciencia hace su parte y da su veredicto; según investigadores del Allergheny College en Pennsylvania, demostraron que una siesta diaria de al menos 45 minutos hace que disminuya la presión arterial de quienes han sufrido un día con mucha tensión.  Y no nada más eso descubrieron, también afirmaron que los beneficios de tener un efecto reparador eran mayores entre los individuos que dormían entre 45 y 60 minutos.

Así que dicho por la ciencia, y si lo dice la ciencia es oficial. Después de comer el día de hoy, disfrute de un buen sueño reparador. Pero hay una serie de recomendaciones que hay que seguir: haga lo mismos que cuando se va dormir en la noche, nada de luz, póngase ropa adecuada, elimine todos los distractores, mantenga una temperatura templada en la habitación y por si las dudas 

lunes, 3 de septiembre de 2012

Del bostezo o se me calienta la cabeza


Cada día que pasa, estas gentes de la ciencia me siguen sorprendiendo cada vez más. Y no propiamente con las investigaciones, sino el tipo de investigaciones que se llevan a cada todos los días en algún laboratorio. A cada momento hay nuevo o rompen algún mito o alguna creencia popular.

Pues ahora le toco al bostezo. Siempre se ha dicho o por lo menos así lo hemos dado por cierto que los bostezos son provocados por el aburrimiento o cansancio.

Un bostezo es la acción incontrolada de abrir la apertura bucal o boca, con separación amplia de las mandíbulas, para realizar una inhalación profunda a la que sigue una espiración de algo menos de lo inhalado, con cierre final de la boca. Aparte cuando se bosteza, se estiran los músculos faciales, se inclina la cabeza hacia atrás, se cierra o entornan los ojos, se lagrimea, se saliva, se abren las trompas de Eustaquio del oído medio y se realizan muchas otras cosas, como acciones cardiovasculares, neuromusculares y respiratorias.

Los bostezos son un poderoso mensaje no verbal con varias posibilidades de interpretación dependiendo de la ocasión. Se puede indicar cansancio, estrés, exceso de trabajo, aburrimiento y hambre. Podría ser que indica descompresión psicológica tras un estado de alerta elevado. O un medio para expresar emociones fuertes como el enojo, el aburrimiento y el rechazo.  Bueno el bostezo es peor que la gripe, porque hay quienes se contagian al ver otra persona bostezando.

Pero todo lo anterior podría no ser cierto, investigadores de la Universidad de Princeton, aseguran que además de todo lo demás, el bostezo es un signo que el cerebro está que arde. La hipótesis termorreguladora del bostezo, propone que abrimos la boca cuando la temperatura del cerebro aumenta, y que la consecuencia fisiológica es que nuestras neuronas se enfrían. Al bostezar, el estiramiento de la mandíbula aumenta el flujo de sangre al cerebro, y la inhalación de aire más frio que el organismo permite el intercambio de calor con el entorno, dice el investigador Gallup.

Pongámosle que es cierto esto de que el cerebro se sobrecalienta. La mayoría de mis alumnos deben de estar ardiendo en calentura, se la pasan bostezando toda la sesión de clase, incluso cuando todavía no empieza la sesión ellos ya han de estar ardiendo de sus cerebros.