jueves, 5 de abril de 2012

Del jueves Santo o de los siete templos


Hoy empieza la semana mayor, así que hoy es día de no hacer nada. Y no hace muchos años estos días de semana Santa no se hacía nada. Cuentan que la no escuchaba música y si lo hacía era música sacra, no se bañaba, no trabajaba, no había actividad alguna, no salía de su casa a menos que fuera a rezar o, como dice la tradición, visitaba los siete templos o las siete casas.

El Jueves Santo, con la misa de la Cena del Señor, se efectúa el lavatorio de los pies, simbolizando la humildad, el espíritu de servicio y el amor que Jesús lega a los hombres, en tanto que el altar representa la última cena, y lo más significativo de este acto es que, mediante la fe, se realiza la transformación del pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Jesús, instituyéndose así la Eucaristía. Esto es lo que me decía mi abuela que significaba, hoy es un día de asueto para asolarse y emborracharse y hacer todo tipo de cosas pero menos rezar.
De acuerdo a la Tradición, la visita a las siete casas o altares que se realiza desde el Jueves Santo, nos recuerda los sitios que recorrió Jesús a partir de la última vez que convivió con sus discípulos en el cenáculo.

Cada altar correspondería a cada uno de los lugares que Jesús visitó a partir del cenáculo al Calvario, dónde fue crucificado. En cada uno de los altares se debe meditar el vía crucis. Los cordones de colores que se reparten en la visita a los altares, simbolizan la cuerda con la que Jesús fue atado y el látigo con que fue azotado.

Las siete casas son: 1.- Del Huerto de los Olivos a la Casa de Anás. 2.- De la Casa de Anás a la Casa de Caifás. 3.- De Caifás a Pilato. 4.- De Pilato a Herodes. 5.- De Herodes a Pilato. 6.-De Pilato al Enlosado. Y 7.- Del Enlosado al Gólgota.

Y como ya no tengo nada que decir pues hay les va algo de humor para compartir:
“Hoy aprendí cómo se hacen los niños”. La señora tragó saliva. “¿Cómo se hacen los niños, hijita?” -le preguntó llena de inquietud a la pequeña. Contestó Rosilita: “Primero dibujas la cabeza; luego la panza, y después pintas dos rayitas que son los brazos, y otras dos que son las piernas”… La esposa de Capronio, sujeto ruin y desconsiderado, estaba al mismo tiempo agradablemente sorprendida y apenada. En la mesa del banquete su marido se inclinaba sobre ella a cada rato, le acariciaba los brazos, y le daba besos en las manos y los hombros. “Por Dios, Capronio -le pidió en voz baja y con sonrisa ruborosa-. No me acaricies así, ni me des tantos besos. La gente lo va a notar”. “Pues que digan lo que quieran -respondió el vil sujeto-. Hago eso porque no me pusieron servilleta”…  “Mi mujer es un espejismo” -le dijo don Frustracio a un amigo. “No entiendo -se desconcertó el otro-. Un espejismo es algo que puedes ver, pero no tocar”. Replica don Frustracio con rencorosa voz: “Precisamente”… Picio, el hombre más feo, pobre y tonto del condado, acudió a una agencia matrimonial. Le dijo a la encargada: “Quiero casarme con una mujer rica, guapa y de buenas familias”. La muchacha le contestó: “Para que una mujer así se case con alguien como usted tendría que ser una idiota”. Responde Picio: “La inteligencia no me importa”… “Vamos a mi departamento -invitó Rosibel a Babalucas, sugestiva-. Acabo de comprarme una cama de agua”. “Gracias -declinó la invitación el tonto roque-. No tengo sed”… 

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